Despouy presentó su informe: “El control público en la Argentina. Realidad y Perspectivas”

“Nuestro país se debe un gran debate sobre el control. La realidad política y económica del país no acepta más demoras. La reglamentación del artículo 85 de la Constitucional Nacional es una cuestión impostergable”, dijo Leandro Despouy en su exposición hoy en el Salón Azul del Congreso ante un auditorio colmado de políticos de la oposición y del oficialismo, acompañado por los Auditores Generales Alejandro Nieva y Horacio Pernasetti, además de actores políticos de organizaciones no gubernamentales como Nora Cortiñas de Madres de Plaza de Mayo, Alfredo Alberti de la Asociación de Vecinos de La Boca y Carlos Ferreres del área de Discapacidad de la CTA, y el ex Fiscal Adolfo Strassera.

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Ante el presidente de la UCR, Mario Barletta, Despouy se refirió a su actual situación en la AGN: “Siempre he dicho y lo hago una vez más, que mi continuidad al frente de la Auditoría  está sujeta a la decisión de los órganos partidarios. Y  sobre  esta cuestión sé muy bien que la Unión Cívica Radical se conducirá  con total responsabilidad”.

Del radicalismo también estuvieron: Ricardo Alfonsín, Mario Negri, Angel Rozas, Juan Manuel Casella, Oscar Aguad, Alicia Mastandrea, Hipólito Solari Yrigoyen, Ricardo Gil Lavedra, Luis Petcoff Naidenoff, Maria Luisa Storani, Laura Montero, entre muchos otros.

Expuso además sobre la situación de los servicios públicos bajo la lupa de la AGN y dijo que las concesiones están “sujetas a la depredación de las empresas sin que eso signifique mayores consecuencias jurídicas” y que no había ningún motivo para que no se pudieran hacer informes ex ante, durante las gestiones, a diferencia del actual modo ex post que tienen las auditorías.

Lo aplaudieron largamente tras el cierre del discurso que fue emotivo y estuvo centrado en unas palabras que le dijo al inicio de su gestión Raúl Alfonsín: “Es  muy importante el cargo para el que te hemos convocado. Tiene un gran valor institucional, sobre todo en este momento en que el país está derrumbado. Pero no te olvides que en realidad de lo que se trata es de custodiar la honradez de la República”.

También acompañaron a Despouy: Hermes Binner, Federico Pinedo, Gabriela Micheti, Rubén Giustiniani, Victoria Donda, Pino Solanas, Adrian Pérez, Norma Morandini, Graciela Ocaña, Margarita Stolbizer, Pablo Micheli, Alfonso Prat Gay, y muchos otros.

 

Despouy: “No debemos sesgar el relato histórico sobre los derechos humanos”

“Si durante la crisis de 2001-2002 nuestro país no terminó con cuartelazos fue porque el diseño institucional que nació en 1983 permitió romper con una historia cíclica de golpes que interrumpían procesos democráticos”, aseguró Leandro Despouy en una jornada académica organizada por la Juventud Radical MORENA de la Provincia de Buenos Aires, la Red Federal y Franja Morada en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) el jueves 12 de mayo.


Frente a un auditorio de jóvenes militantes y estudiantes de Derecho, Despouy expuso sobre la transición democrática: “Éramos un país de matriz fascista, nuestro sistema jurídico estaba contaminado por la censura, detenciones arbitrarias, estado de sitio, amnistías crónicas. Nunca en la Argentina se había juzgado un solo crimen de Estado; antes de irse, los militares dejaban como secuela un estandarte: su propia autoamnistía. Ésta era la regla histórica en nuestro país. Y el cambio que se produjo en 1983 fue único y decisivo porque sentó una democracia que hoy nos permite pasar crisis institucionales graves sin desembocar en golpes de Estado”.

Cuando asumió Alfonsín en 1983, el contexto regional estaba infestado de dictaduras: Stroessner en Paraguay, Pinochet en su mejor época en Chile. Para muchos, juzgar a los militares era una locura: “Cómo un presidente va a hipotecar esta posibilidad de apertura democrática para juzgar en un continente contaminado de dictaduras, era una irresponsabilidad; si los cómplices del golpe de Estado seguían vivos y habían hecho mucha plata, si el establishment, los diarios más importantes, los periodistas de renombre, la Iglesia, habían apoyado el golpe, cómo es posible que un irresponsable dijera que tiene la intención de juzgar”, preguntó Despouy.

“Sin embargo, Alfonsín impulsó las disposiciones de juzgamiento a los militares tal como lo había propuesto durante su campaña”.
Claro que para poder hacerlo, además de todas las dificultades de orden político, social, había que sortear las jurídicas, porque los militares antes de irse habían sancionado la Ley de Autoamnistía. Durante la campaña, recordó Despouy, “el peronismo, con el apoyo del sindicalismo, dijo públicamente que respetaría la Autoamnistía y llegó a un pacto con el Ejército: si ganaba el PJ, como todo el mundo suponía, esa ley se aplicaría”. Lo que se pretendía pactar era la impunidad. Y no sólo a partir de 1976 sino más atrás en el tiempo, para perdonar también los crímenes de la Triple A, puntualmente desde el 25 de mayo de 1973 hasta octubre de 1983.

“Es importante saber que en aquel momento no había tantos interesados en derogar esta ley, pero Alfonsín lo consiguió: se pudo juzgar a los militares y fue el primer juicio de esta índole en la historia, porque el mundo no registraba escenarios similares”, dijo Despouy. Y señaló el caso uruguayo: “En Uruguay con un presidente que estuvo 14 años preso,  recién se está planteando el dilema con respecto a la derogación de esa Ley, en cambio en nuestro país esa situación no está planteada, y estoy convencido de que es porque la Argentina juzgó, estableció una Comisión de la Verdad y llevó adelante la imprescriptibilidad de los crímenes contra la humanidad ya en los inicios de la democracia”.