“La única forma de combatir el asesinato político tiene que ser una respuesta contundente y de todos”

“La única forma de combatir el asesinato político tiene que ser una respuesta contundente y de todos”

El Presidente de la AGN, Leandro Despouy, en el Salón Azul del Senado

“Algunos colegas que veo aquí vivimos un país como fue aquel del 73, 74, 75. Muchos tuvimos que partir al exilio en esos años. Ahí se instaló el asesinato político. Lo mataron a Ortega Peña en plena de 9 de julio, lo secuestraron a Silvio Frondizi de su casa. Pero claro que ahora es un momento distinto. Lo distinto es que ya sabemos todos que la única forma de combatir el asesinato político tiene que ser una respuesta contundente y de todos. No vamos a ceder y menos ante argumentos tan falaces como el que dice que manifestar es una expresión política contraria a la democracia”, dijo Despouy en la Audiencia Pública paralela al debate de la Ley de Inteligencia convocado por el grupo Consenso Parlamentario, formado por las fuerzas opositoras en el Congreso.

Despouy expuso que en 12 años al frente de la AGN “nunca pudo auditar ni un sólo fondo reservado no obstante el compromiso de marzo de 2005 del gobierno de depurar los servicios de inteligencia”.

Agregó: “Durante 6 años fui relator especial de Naciones Unidas sobre la Independencia de Jueces y Magistrados y les puedo decir que el derecho de expresión y de manifestación es un derecho universal de los jueces, de los fiscales, de los defensores. El derecho de manifestación es el derecho de defensa colectivo por antonomasia.”

Finalmente dijo: “Tenemos que terminar con los que cobran en doble ventanilla. No se puede ser funcionario y trabajar como servicio de inteligencia. Es muy difícil cumplir con los deberes de la patria, ser funcionario y dormir cada noche con la serpiente bajo la cama”.

“El Gobierno, responsable de incumplir compromisos”

“El Gobierno, responsable de incumplir compromisos”

25 de enero de 2015
Diario Clarín

Debates: la muerte de Nisman.

Por Leandro Despouy

Pocos asesinatos como el del Fiscal Nisman, reflejan las múltiples facetas que reúne la impunidad y el asesinato político como recurso inexorable para perpetuarla. Durante mis seis años como relator especial de la ONU, sobre la independencia de la Justicia, nunca identifiqué en el mundo una situación de similares características, en la que el riesgo (peligro) no está dado solo en la gravedad de los hechos investigados, sino en las acciones que se han desarrollado para lograr impunidad.

El crimen del Fiscal Nisman, se asienta en dos atentados de enorme magnitud, el de la Embajada del Estado de Israel en 1992, y el de la AMIA en 1994. Ambos conmovieron al mundo, no sólo por su magnitud, sino por la opacidad con que el Estado argentino había emprendido las tareas de socorro y esclarecimiento de lo ocurrido, y peor aún, por lo que se comprobó más tarde la actitud deliberada con que los Servicios de Inteligencia habían obrado para apartar los elementos probatorios que permitieran reconstruir los hechos e identificar a los responsables en lo que finalmente se calificó como “encubrimiento” del atentado.

Como consecuencia de los infortunios por los que atraviesa hasta ahora la causa AMIA, el país se vio obligado a sumar a la investigación de estos hechos, una causa específica, en forma separada, tendiente a conocer los actores del encubrimiento, impulsores de la impunidad. De esto es precisamente de lo que se ocupaba Nisman, de promover todas aquellas acciones dirigidas a pesquisar las irregularidades cometidas durante la investigación del atentado a la AMIA (Decreto 229/06).

Tanto el informe elaborado por el Comisionado de la OEA, Claudio Grossman, que participó como observador del proceso oral y público durante todo el proceso de la causa AMIA y tal como lo reconoció el propio Kirchner en el Acta de entendimiento firmada el 5 de julio de 2005, el Estado Argentino fue responsable por la violación de los Derechos Humanos cometidas durante el atentado, por su incumplimiento en los deberes fundamentales de prevención, y por el encubrimiento de dichos ilícitos, al no haber llevado a cabo deliberadamente las tareas de investigación. De las múltiples medidas a las que se compromete el Gobierno argentino en el Acta de Entendimiento que se firma entre el Gobierno y la Comisión Interamericana cabe destacar el fortalecimiento de la unidad Fiscal del Ministerio Público, de las que se va a ocupar más tarde Nisman. Otro de los compromisos del Estado asumidos ante la OEA (2005), fue la depuración de los Servicios de Inteligencia. Lo cierto, es que de todos los compromisos asumidos en esa Acta, como solución amistosa, ninguno se cumplió. El único compromiso asumido que sí se cumplió, fue el fortalecimiento de la unidad fiscal, que en el 2006 se confió a Nisman, quien llevó a cabo una labor encomiable, orientando su vértice hacia la conexión iraní, impulsando los pedidos de captura y las alertas rojas que impedían a los funcionarios persas desplazarse por el mundo. De allí, el estupor y la sorpresa que generaron en la población y la comunidad internacional las reacciones del oficialismo, cuando Nisman anunció su decisión de presentar en la causa sobre el encubrimiento, la investigación llevada a cabo durante más de ocho años. No cabe duda, que las hostilidades que descargaron contra él, ante esta con decisión, alentaron la determinación de quienes apretaron el gatillo, para poner fin a la vida de quien había dedicado gran parte de ella a luchar contra la impunidad. Sin embargo, esta vez, ya todos estamos extenuados de soportar el peso agobiante de semejante perversión. Actuamos convencidos de que, ahora, solo a través de una respuesta contundente podremos frenar las trágicas consecuencias del vendaval, que finalmente origina la impunidad. Debemos confiar en la justicia y defender la democracia si no queremos correr el riesgo de que la historia se nos venga encima.

Leandro Despouy es jurista, presidente de la Auditoría General de la Nación (AGN).

 Fuente

Despouy confirmó que la auditoría al ENARGAS en Rosario está en marcha

Despouy confirmó que la auditoría al ENARGAS en Rosario está en marcha

El Presidente de la Auditoria General de la Nación Leandro Despouy, ratificó la decisión

unánime de la AGN de auditar al ENARGAS y a la empresa Litoral Gas, tal como se

comprometió ante los familiares de las víctimas de la tragedia ocurrida en la calle Salta

2141 de la ciudad de Rosario.

Despouy en su calidad de Presidente de la máxima institución de control externo del país,

confirmó la realización de la auditoria y anunció que ya se dio comienzo a las tareas de

fiscalización que por otra parte, en ningún momento, se habían interrumpido.

“Sin dudas el trabajo de auditoria podría aportar a la investigación judicial observaciones

objetivas que sirvan de base para el establecimiento de las responsabilidades tanto

estatales como privadas en las obligaciones que tenían tanto el ENARGAS como la

empresa Litoral Gas ante una tragedia que no solo afectó a la ciudad de Rosario sino que

enlutó a todo un país ya que puso en tela de juicio la calidad de la prestación de un

servicio público tan vital como es de la provisión de gas”, sentenció Despouy.

Cronopios del puntano que mejor conoció a Julio Cortázar

Cronopios del puntano que mejor conoció a Julio Cortázar

– El Diario de la Republica – San Luis

Leandro Despouy compartió el exilio y varios actos públicos en París con el creador de “Rayuela”. Dice que el escritor se preocupó mucho por la suerte de Mauricio López.

 

Por Miguel Garro | Mail: [email protected]
De paseo por la Grand Place de Bruselas en busca de un lugar dónde cenar, Julio Cortázar y Leandro Despouy escucharon una frase que no pudieron ignorar: “Soy argentino, estoy perdido –decía- ¿Cómo puede ser que en este lugar nadie hable español?”.
El acento y la arrogancia del testimonio, más la situación compleja que acusaba, hicieron que Julio y Leandro atendieran el pedido. También se acercó al argentino perdido un mozo español que atendía en uno de los múltiples barcitos que rodean una de las plazas más lindas de Europa, en la capital de Bélgica.
Domiciliado en Avellaneda, hincha de Independiente y porteño de ley, el extraviado no reconoció en uno de sus ayudantes a uno de los escritores más importantes del mundo. “Me parece que en la casa de mi tía había un libro tuyo”, respondió, impreciso, el sujeto cuando Cortázar le dijo que era Cortázar. Acaso por eso, el autor de “Rayuela” le pidió a Leandro que hiciera hablar al desconocido. “Julio cerraba los ojos y me decía que necesitaba llenarse el alma con el acento argentino”, recuerda Despouy.
El mozo español le indicó al perdido que su hotel estaba a sólo media cuadra de Grand Place, por lo que la situación no era tan caótica como parecía en un primer momento. Entonces, el turista les pidió a sus compatriotas que lo acompañaran esos metros en los que hablaron de Bernal, del puente de Avellaneda y de fútbol. Y en los que el escritor se dio un formidable baño celeste y blanco.
Pero la descripción perfecta del ser argentino vendría después.
Apenas llegados al hotel, el guía del contingente avanzó sobre el perdido, furioso por la demora y porque el resto del tour estaba en el lobby con todo listo para otra excursión. El porteño interpeló a su guía, abrió los brazos, miró a los costados y casi gritó: “¿Qué querés que hiciera…? Salí a dar una vuelta, me encontré con Julio, me invitó a tomar un café ¿Cómo le iba a decir que no?”.
La anécdota –que terminó con Cortázar firmando autógrafos a todos los miembros del contingente y con una sonrisa resignada- ocurrió una noche del verano europeo de 1974, un día después que Leandro Despouy prestara declaración en el tribunal Russell y en los albores de una amistad que el escritor de “El libro de Manuel” y el puntano forjaron hasta la muerte de Julio.
El tribunal Russell fue un estrado creado por el escritor Bertrand Russell para investigar distintos hechos de importancia mundial con la visión de intelectuales, teólogos y diplomáticos de todo el mundo. Su primera acción fue explorar la Guerra de Vietman, pero a mediados de los 70, la ocupación central era el avance de las dictaduras latinoamericanas.
Cuando la Triple A asesinó a Silvio Frondizi –hermano de Arturo y ocupante del mismo estudio jurídico de Despouy- Leandro entendió que era el momento del exilio. Pese al dolor, su elección no fue tonta: recayó en París, donde de inmediato se relacionó con un grupo de artistas nacionales como Antonio Seguí y Julio Le Parc. Fueron ellos quienes le avisaron que en pocos días, en Bruselas, sesionaría el tribunal Russell y que sería la oportunidad para que el recién llegado expusiera la situación en Argentina.
“Al principio no me querían tomar la declaración porque en Argentina no había una dictadura; pero el deterioro institucional que tenía el gobierno de Isabel Perón hizo que la situación fuera caótica”, recuerda Despouy, quien antes de leer su escrito ante los intelectuales, se entrevistó con Gabriel García Márquez (también miembro del Russell) para que convenciera a los otros miembros de la necesidad de escucharlo.
La aceptación del durísimo documento que Leandro leyó ante el tribunal fue el primer paso de su amistad con el autor de “Rayuela”. En medio de la declaración, el puntano observó que un miembro del tribunal se levantó del estrado y se sentó entre el público: era Cortázar. Y cuando tomó la palabra, su preocupación fue elocuente: “Quiero suscribir en todo el testimonio de este joven. Mi país está por entrar en una situación similar a la que viven otros países de la región”.
Esa misma tarde, Cortázar y Despuoy se sentaron a la mesa de una conferencia de prensa con medios de todo el mundo en la que retrataron, otra vez, la situación nacional.
“Contra lo que se cree, Julio vivía idealizando y soñando en Argentina. Su literatura es esencialmente argentina”, dijo Leandro en una visita a San Luis, la semana pasada. Luego de ocupar varios cargos de relevancia a nivel mundial, Despouy es en la actualidad Auditor General de la Nación.
Cuando habla http://www.eldiariodelarepublica.com/export/sites/republicasanluis/img/2013/06/04/magneto_despuy_3.jpg_1801030549.jpgde Cortázar, lo hace con la autoridad de alguien que compartió con el escritor decenas de charlas, cientos de actividades solidarias y el recuerdo doloroso de su país durante casi una década de exilio. “La mayor particularidad de Julio era que no reflejaba en su rostro ni en su cuerpo la edad que tenía. Parecía un hombre que no envejecía”, recuerda el abogado.
Despouy tenía 25 años cuando habló por primera vez con el escritor, que rondaba los 60 y que no disimulaba que una de las heridas más grandes de su vida fue que en su país se lo destratara, dice el puntano. Recordó el abogado de San Luis que la dictadura de Juan Carlos Onganía mostró a Julio como un traidor por solicitar la nacionalidad francesa. “Pero la dictadura de 1976 sería peor: lo presentaban directamente como un enemigo del país”.
Despouy le habló de San Luis a su amigo. Y recuerda especialmente la preocupación que el escritor tenía por la suerte de Mauricio López, el desaparecido rector de la UNSL. “No sé si lo conoció por su paso por Mendoza, donde Cortázar fue docente, o por medio de un teólogo francés miembro del tribunal Russell que fue amigo de Mauricio”, señaló.
Cada vez que Leandro interpelaba a su amigo sobre su obra se encontraba con un muro de difícil traspaso. “No hablaba mucho. Pese a su fama mundial, era bondadoso, entrañable y humilde”.
Pese al carácter taciturno del escritor, Despouy recuerda que pocas veces lo vio tan contento como cuando regresó a la Argentina. Su amigo señaló que las cosas que alegraron al escritor fueron que los jóvenes conocían sus libros y que el espíritu que vio en la gente le daba elementos para pensar que la vida democrática podría extenderse.
“Vi Buenos Aires, Leandro, está bellísima”, le dijo, emocionado, ya de vuelta en París.
La última vez que se vieron, Despouy acompañó a Cortázar y a su pareja de entonces, Carol Dunlop, a ver un médico en Reims, más de 100 kilómetros de París. No estaba bien de salud, las transfusiones de sangre le quitaban el ánimo, pero el amor con la escritora canadiense lo mantenía en pie. “Estaba muy contento porque por primera vez había podido escribir con alguien. En lo amoroso estaba pleno. Parecían dos adolescentes enamorados”.
La sorpresiva muerte de Dunlop, dejó a Cortázar sin una compañía. Ese fue, para Leandro, el detonante del agravamiento de su estado de salud.
Para entonces, el puntano ya estaba trabajando como embajador de Derechos Humanos en la presidencia de Raúl Alfonsín. Hizo todo los trámites posibles para estar en el velorio y el entierro y hasta se contactó con Jorge Luis Borges para invitarlo al sepelio. Pero lo rápido que fue la ceremonia de despedida de Cortázar conspiró con el último adiós que el amigo puntano del escritor merecía darle.

(Video) Julio Cortazar – Rayuela 50 años – Salon Rayuela

Entrevista a Leandro Despouy: una singular amistad política

 

[evp_embed_video url=”http://leandrodespouy.com/wp-content/uploads/2013/05/rayuela.mp4″ autoplay=”true”]

Muy tempranamente Julio Cortázar se hizo eco de las denuncias sobre la violación de derechos humanos en Argentina (“aunque en ese momento se hablaba de derechos y libertades civiles”, aclara Leandro Despouy. “Los derechos humanos son un concepto que nace a fines de los 70 y que más tarde será incluido en los tratados internacionales”). En enero de 1975, es decir, bajo el gobierno de Isabelita Perón y la ola de asesinatos de la Triple A, un joven abogado de presos políticos se exilia en Francia. Pocas horas después de llegar es alentado a rendir su testimonio de los crímenes del peronismo lopezrreguista ante el Tribunal Russell, que sesionaba en Bruselas esa misma semana.

Este Tribunal de opinión, creado por el filósofo y premio Nobel Bertrand Russell en rechazo a la guerra de Vietnam, sería un crucial antecedente para la globalización jurídica y precursor de la Corte Internacional de La Haya. El abogado Despouy luego se convertiría en una figura decisiva para los derechos humanos de Latinoamérica ante la ONU –y tiene la fama secreta de haber colaborado en el andamiaje para la detención del dictador Augusto Pinochet en Londres. Desde 2002 preside la Auditoría General de la Nación y es defensor del juez Baltasar Garzón ante los Tribunales españoles. Este es su testimonio de una singular amistad política.

“Conocí a Cortázar en enero de 1975, al comienzo de mi exilio en Francia, en condiciones muy penosas. Cuando yo emigro no se había declarado aún el estado de sitio pero la metodología de la Triple A ya era muy clara y fue el factor que me expulsó del país. Se había producido la detención clandestina de unas 2000 personas; yo pertenecía a un grupo de abogados que defendía a latinoamericanos refugiados en Argentina, que por entonces eran perseguidos por los criminales que integraban el gobierno de Isabel Perón. ¿Qué podía esperarse de un gobierno cuyo canciller y cuyo ministro de Educación proclamaban abiertamente el ideario fascista? Acababa de producirse el asesinato del abogado Silvio Frondizi. Era típico del accionar en esa época que los asesinos tomaron imágenes del cuerpo ejecutado; esas fotos salían publicadas en todos los diarios. Se tiende a olvidar el enorme poder intimidatorio durante ese año previo al golpe, cuando se sucedían los secuestros sin ninguna resistencia posible; la política de intimidación pública también incluía la publicación de la lista de personas que iban a ser asesinadas próximamente por la Triple A: y seguían un orden exacto. Además de este anticipo macabro e inexorable, cuando el sentenciado iba a ser secuestrado, recibía la carta de amenaza firmada por el último muerto. Así, Frondizi recibió la carta personalizada, “Usted es la próximo”, con remitente de Rodolfo Ortega Peña, a quien acababan de ejecutar…

-¿Usted sabía que lo esperaba el Tribunal Russell?

– ¡En absoluto! Apenas llegué a París tomé contacto con un grupo de artistas argentinos que ya llevaban un tiempo ocupándose del tema, como Antonio Seguí y Julio Le Parc, artistas de renombre que articulaban con el pintor chileno Roberto Matta y otros. Después del golpe contra Salvador Allende, el 11 de setiembre de 1973, en Francia todos estaban muy pendientes de las nuevas dictaduras en Brasil y Uruguay. No bien entrego mi pasaporte en París, pidiendo asilo político, me avisan de que en Bruselas estaba por reunirse el Tribunal Russel II, muy abocado a las dictaduras del Cono Sur. Ese era el epicentro del pensamiento progresista en el mundo. Hasta entonces el Tribunal se había resistido a tratar Argentina porque Isabelita era una presidenta electa y constitucional; no parecía una emergencia… En el Tribunal había varios premios Nobel; además estaban el ex presidente dominicano Juan Bosch, Cortázar y Gabriel García Márquez. Me largué a Bruselas, esperando que estuvieran dispuestos a oír mi testimonio sobre Argentina. Primero tomé contacto con García Márquez. Si bien él era un autor conocido, no tenía el rango mítico y la influencia que ya tenía Julio. Pensar que esas sesiones después se conocerían como el Tribunal Cortázar… Yo tenía apenas 25 años.

– ¿Cómo fue ese intercambio inicial?

– Una de las cosas que me impresionó fue su calidez; tenía una modestia infinita que te seducía. Era un hombre visiblemente tierno y el lenguaje que utilizaba para acercarse era el de un gran interés en el otro. Yo creo que él era consciente de su influencia y procuraba no avasallar. Aunque cuando lo conocí él tendría más de 60 años, es cierto que su rostro no delataba su edad, lo cual se prestaba a cierta confusión. Los años solo se le notaban en las manos, por las manchas propias de su edad. Después recuerdo que cuando vi las fotos de nuestra conferencia de prensa posterior –con su barba renegrida- parecía de mi misma edad. El tenía muy claro que era el gran autor del boom en Europa, que reunía las virtudes del narrador y el intelectual. Por esos años, Cortázar enseñaba a pensar, a sentir, a amar.  Pensemos en el auge de las películas basadas en su obra, como Blow-up. Había todo un mundo cultural, que tomaba el paisaje del amor tal como lo retrataba Rayuela. Paralelamente existía esta leyenda de que era Dorian Gray, el que no envejecía. Pero además, uno descubría que el hombre no tenía nada de divo y asumía su rango con una gran elegancia. Era conmovedor encontrar que detrás de esa figura existía un ser tan delicado. El contacto se situaba de entrada en un ámbito íntimo, te motivaba, tocaba las fibras más sensibles. Sí, era muy intimista. Era el tipo capaz de pasar de “La noche boca arriba” al absurdo de las “Instrucciones para subir una escalera”.

-¿Qué piensa hoy de esta primera denuncia internacional? ¿Era realista o se quedaron ustedes cortos?

– Mi testimonio fueron tres o cuatro páginas. Yo hago mi lectura sobre la persecución a la prensa, a los exiliados latinoamericanos, la transferencia de refugiados a otras dictaduras. En rigor, hablamos de los principios del Plan Cóndor que luego Argentina va a exportar a Centroamérica; hablo de los meses en que fueron asesinados el sindicalista del transporte y ex vicegobernador cordobés Atilio López… Le aseguro que esas pocas páginas destilaban sangre. Ahí estaban los signos más visibles de lo que luego serían los procedimientos, dado que el golpe militar se lanza con todo un sistema bien orquestado; ya empezaban las detenciones clandestinas, ya había niños desaparecidos. Y arranco con una fuerte denuncia sobre los refugiados perseguidos. Cuando estoy por concluir, siento a mis espaldas que alguien se levantó desde atrás, donde están los miembros del tribunal. Y toma la palabra él: “Señores del público, quiero presentarme, soy Julio Cortázar. Y aunque soy miembro de este Tribunal quiero hablar como simple integrante de la audiencia porque soy argentino. Avalo en todos sus términos el testimonio de este joven; esto es el anuncio de que debemos prepararnos para ver en Argentina hechos tanto o más tétricos de los que vemos hoy en el resto de América Latina.” Ahí anuncia que daremos una conferencia de prensa por la tarde y que yo me quedaré en Bruselas para seguir informando…  Alguna vez conté que esa misma noche, caminando por Bruselas con él, cruzamos a un turista de Avellaneda, extraviado en una plaza. Cortázar le empezó a preguntar por las calles de Buenos Aires, por detalles del barrio. Le explicó al turista que necesitaba ese contacto con la lengua y la ciudad para mantener viva y auténtica su narrativa. Una vez que lo reencauzamos a su hotel, Julio acabó firmando 30 autógrafos.

 – Eso lo retrata como un sentimental  de tiempo completo –antes de que el emigrado se convirtiera en desterrado. Luego Cortázar ya no podría entrar en el país ni de visita…

-Yo diría que sí, era un hombre sentimental. Todo en sus libros está a flor de piel. El no necesitaba traer grandes personajes ni figuras históricas. Era un tipo muy entrañable, no diría que un romántico ni un nostálgico. Luego, al conocerlo bien, vi que no era melancólico en su trato. Pensaba mucho en el país, era un enamorado de Argentina.

¿Dio la conferencia de prensa esa tarde?

-Sí, allí va a denunciar que es imperdonable que el continente fuera víctima de una ofensiva que estaba destruyendo la vida pública. Luego de ese tribunal, que finalmente se hizo conocido como el “Tribunal Cortázar”, su dimensión intelectual será mayúscula. Se convierte en un pensador.

Desde 1975 usted se quedó en Francia; ¿se siguieron viendo?

– Lo frecuenté mucho en su relación con Carol Dunlop. Eran muy tiernos y compañeros pero siempre muy vinculados a la creación. Nosotros lo cargábamos, “Julio, parecés un pendejo”. Mi relación con él se sostuvo durante años, siempre mediada por las actividades de solidaridad; siempre lo veía en “las galas”. Las galas eran actos de denuncia a las que venían artistas comprometidos para juntar fondos, como Georges Brassens, Paco Ibáñez. Cortázar estaba muy atento y quería ser el articulador. Cuando había que lograr pronunciamientos, ofrecía sin vacilar todos sus contactos, se ocupaba de condenar situaciones. Es el compromiso que se expresa en su literatura de los años 70, el Libro de Manuel y Nicaragua tan violentamente dulce. El acompaña todos esos procesos con entusiasmo y va a encarnar una interpelación sobre las desapariciones forzadas como un fenómeno que asolaba al país. Los argentinos tuvimos el triste privilegio de exportar los métodos represivos. Esto nos llevó a organizar el Coloquio de París “La política de desaparición forzada de personas”, que se realizó en el Senado francés en enero de 1981 y se convirtió en un libro Le refus de l´oubli (Negación del olvido), con prólogo de Cortázar y numerosos testimonios de organismos de derechos humanos. Este Coloquio tuvo una enorme repercusión en Europa.

-Cortázar se fue apenado de su última visita a Argentina, en diciembre de 1983. Moriría en febrero de 1984. Sus últimas cartas reflejan sorpresa por la popularidad encontrada en las calles y también decepción. A mediados de diciembre escribe al editor argentino Mario Muchnik, residente en España: “El reverso de la medalla existe, ay. Aquello sigue siendo un país lleno de chantas, que acusan a los demás de todo lo que pasó pero se excluyen cuidadosamente porque ellos son buenos y valientes y democráticos… La falta de responsabilidad, o su delegación en los demás, sigue siendo el mayor peligro del país”. Además, lo defraudó que no lo recibiera Raúl Alfonsín.

-No lo vi en Buenos Aires en la última visita… El vino de paso, a la vuelta de Chile, porque finalmente le dieron garantías de que podría entrar y salir sin problema. Sobre ese episodio con Alfonsín, supe lo que manifestó la secretaria Margarita Ronco, desmintiendo las muchas versiones que hubo al respecto, por ejemplo, que el presidente electo no quiso verlo. Ella asumió gran parte de la responsabilidad por la mala transmisión de la agenda. Lo último que recuerdo es a un Julio enfermo, preocupado por las muchas transfusiones, y su gratitud hacia Aurora Bernárdez, su primera esposa, que lo asistía tanto. El recuerdo aquí se me confunde con algo que haya leído o que le contó un amigo cubano. Julio le dijo –o nos dijo- que con toda la sangre y las medicinas que tenía en el cuerpo ya le daba fatiga escribir, lo que para él era lo mismo que vivir.

 

Leer entrevista en Clarin.com