Contraste entre la ejemplaridad y la corrupción

Contraste entre la ejemplaridad y la corrupción

El cuestionado ex titular de la AFIP Ricardo Echegaray debería dar un paso al costado en la Auditoría General sin esperar su procesamiento

La corrupción es un tema sensible que figura entre los que más preocupan a la ciudadanía argentina. El descrédito de innumerables políticos y funcionarios públicos por su desapego a la ley en los últimos años, y las tremendas consecuencias que eso ha tenido sobre la democracia y el bienestar del pueblo así lo acreditan. En este contexto, resulta inexplicable que un dirigente que enfrenta varias causas judiciales, que es investigado por presunto enriquecimiento ilícito, que ha sido imputado por la millonaria deuda que acumuló con el Estado una empresa de Cristóbal López, que fue acusado de descabezar una oficina de la AFIP en Bahía Blanca cuando se investigaba una emisión de facturas falsas usadas supuestamente por una compañía de Lázaro Báez, y que tiene pendiente un pedido de declaración indagatoria en la causa Ciccone, como Ricardo Echegaray, pueda estar al frente de un órgano de control como la Auditoría General de la Nación (AGN).

La cuestionable permanencia de Echegaray en ese cargo contrasta con el reconocimiento que ha merecido la encomiable gestión de Leandro Despouy al frente de ese órgano durante casi 14 años, en representación de la oposición de entonces.

El control de la administración pública realizado por la AGN durante los gobiernos de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y los dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner ha sido ejemplar. Su titular pudo dirigir la institución en minoría en el Colegio de Auditores, mostrando así que el pluralismo político es practicable. Contundentes revelaciones confirieron altos niveles de credibilidad y estima ciudadana al organismo, que se transformó así en un referente confiable.

Frente a un relato falaz y sesgado como el que se instaló desde la cúspide misma del poder, disfrazando de logros grandes fracasos y ocultando los rasgos más oscuros de la gestión estatal, los informes de la AGN han constituido preciosos insumos para reseñar la verdadera historia del país en estos años y, al mismo tiempo, fueron una crónica contundente de la corrupción kirchnerista.

La tarea de la Auditoría ha tenido un significativo valor pedagógico, al poner al desnudo las graves consecuencias económicas del manejo oscuro de los fondos públicos y el impacto letal de la corrupción. La tragedia de Once, que costó la vida a 51 personas y más de 700 resultaron heridas, mostró en forma patética cuán cierta y verificable es la idea que vincula el delito con la muerte. “La corrupción mata” es una consigna que ha calado hondo en el sentir popular.

Desde 2002, fueron aprobados por este órgano más de 3000 informes, algunos de ellos emblemáticos, tales como el del PAMI o los referidos a los programas Sueños Compartidos y Fútbol para Todos. Muchos de ellos se encuentran en la Justicia e integran el testimonio imborrable de un manejo fraudulento, irresponsable y despiadado de los recursos públicos. Sería imperdonable que estas pruebas fueran sepultadas en una bochornosa impunidad.

Como presidente de la AGN, Despouy fue acosado con maniobras de destitución del kirchnerismo en el Congreso y hasta de un sector de su propio partido.

Con el cambio de gobierno y en cumplimiento de la legislación vigente, le correspondió al Partido Justicialista elegir al nuevo presidente de la AGN. La elección, impuesta por el dedo de Cristina Kirchner, recayó en Echegaray, quien asumió pese a las fundadas sospechas que sobre él pesan por falta de idoneidad moral para encabezar el principal órgano de control de la administración pública. Paradójicamente, gran parte de lo que debería auditar es justamente su propia gestión al frente de la AFIP y de otras dependencias por las que pasó tristemente, como la Aduana y la Oncaa. Incluso su reciente y burdo intento para que no se lo audite a él ni a quien lo impuso fracasó estrepitosamente por el rechazo público.

La AGN alcanzó prestigio y autoridad. Para obtener ese noble espacio en la consideración pública, se invirtieron muchos años de trabajo y honradez, pero con hombres como Echegaray bastarán pocas semanas para transformar a la Auditoría en todo lo contrario. Echegaray es la contracara de Despouy y se ubica en las antípodas del control republicano. Este irritante contraste, cercano al despropósito y a la provocación, agrede la moral pública y desafía el sentido común.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1891971-contraste-entre-la-ejemplaridad-y-la-corrupcion

El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

Hoy, 12 de marzo,  Raúl Alfonsín cumpliría 89 años. Aunque la cultura popular lo haya proyectado como una figura asociada con el triunfo de la Unión Cívica Radical en 1983 y las nuevas generaciones y la Historia lo hayan erigido como el padre de la democracia argentina,  Alfonsín es eso y mucho más. No solo para quienes conciben su gesta en la línea de los grandes prohombres que el radicalismo ofreció a la sociedad argentina: Alem, Yrigoyen, Alvear e Illia antes que él, sino también para innumerables políticos, intelectuales, hombres y mujeres que supieron apreciar en su persona y en su gestión los valores de una identidad partidaria puesta al servicio de la militancia como ejercicio de la vida política, y de esta para la construcción del Estado sustentada en el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos.

Alfonsín había transitado el país desde un partido en el que estos valores eran constitutivos. También había fundado organismos de derechos humanos y defendido presos políticos. Sabía de qué estaba hablando. “Tuvimos la sensación de estar en presencia de algo nuevo, un discurso cuya aprehensión nos exigía la fatiga de remover un vasto bagaje de prejuicios, frases hechas y dogmatismos acumulados a lo largo de generaciones en la mentalidad colectiva” decía Pablo Giussani sobre su mensaje doctrinario.

Antes de Alfonsín la democracia había sido despreciada y subvalorada en sus posibilidades, acaso por la terrible influencia ideológica de fuerzas armadas que actuaban como un partido político desde 1930 y tenían poder de veto y destitución de los gobiernos constitucionales. El costo fue demasiado cruento para la sociedad argentina que padeció la peor de todas las dictaduras de su Historia y supo ver la salida en el líder que hizo campaña con el Preámbulo y la Constitución Nacional en la mano y lo eligió presidente de la Nación. Alfonsín cumplió con lo que había prometido y mucho más. Su anhelo de “democracia para siempre” se fue realizando a partir de un pacto profundo que celebró con la ciudadanía,  que le permitió superar enormes dificultades  durante su mandato y que, a su vez, consolidó un camino republicano para todas las fuerzas políticas que lo sucederían, algunas de las cuales lo habían combatido.

Próximos a conmemorar el 24 de marzo, debemos recordar que a poco de asumir, Alfonsín envió al Congreso la derogación de la ley de autoamnistía que comprendía el periodo 73-83 (con criterio generoso los dictadores pretendían indultar a la organización criminal Triple A y a ellos  mismos entre otros). También, en un acto inédito entonces y no repetido hasta hoy, en un contexto regional de dictaduras como las de Pinochet y Stroessner, dispuso el procesamiento de las tres juntas militares y creó la CONADEP. Estos hechos movieron innumerables resortes de la  solidaridad internacional que también nutrió el Juicio a las Juntas con testimonios fundamentales como los de Theo van Boven, Patricia Derian, Louis Joinet, Tom Sarrer, el almirante Sanguinetti de la marina francesa …. Además del de las víctimas.

Una conocida caricatura del artista uruguayo Hermenegildo Sabat lo muestra junto a Gandhi predicando la paz. Alfonsín fue un pacificador hacia adentro y hacia afuera del país. En lo interno, se propuso superar falsas disyuntivas de confrontación de la vieja política –absolutas y constantes– y planteó que en sociedades complejas como la argentina, los procesos de cambio dan lugar a discusiones, divergencias y conflictos que deben ser incluidos en la idea de pluralismo, que es uno de los valores de la democracia, y también un mecanismo de funcionamiento político. En sus propias palabras, “un procedimiento para la adopción de decisiones, que supone asumir como legítimos el disenso y el conflicto” y requiere “un consenso básico entre los actores sociales, esto es, la aceptación de un sistema de reglas de juego compartidas”. “Participación democrática”, “sujeto democrático”, “Estado democrático”, son empresas y aprendizajes de los individuos y de los Estados, de las sociedades, los partidos políticos y las instituciones en la construcción de una sociedad diferente escribe Alfonsín. Recordemos que creó el Consejo para la Consolidación de la Democracia que dirigió el reconocido filósofo argentino Carlos Nino, junto a reconocidas personalidades de diferentes ámbitos.

La inserción de la Argentina en el mundo fue una preocupación inicial del flamante presidente en 1983 y un tema de reflexión el resto de su vida. Concibe que el país debe afrontar sus relaciones internacionales en razón de sus necesidades de cambio interno en el camino de la modernización y la consolidación de la democracia en las distintas áreas regionales, políticas, militares y económicas. Por otro lado, su preocupación por la paz mundial lo llevó a condenar la guerra iniciada por militares argentinos en Malvinas, a promover la paz de Argentina con Chile y a adoptar posiciones ante diversos hechos de la realidad.

A la luz del terrible conflicto que se vive hoy en Medio Oriente, vale acordarse de algunas reflexiones de Alfonsín en las vísperas de la invasión de Estados Unidos a Irak,  en el artículo “Guerra y definición del futuro”(diario Clarín, 2003) en el que condenaba seriamente el uso de la fuerza y la intervención ilegal en ese país. Lo más sugerente no era la condena al uso de la violencia a través de la guerra sino sus advertencias sobre los riesgos que entrañaba la conformación de un mundo imperial más inseguro y violento, las consecuencias que esta invasión tendría sobre Irak y toda la región y su impacto sobre la economía mundial y los intereses petroleros. Su mirada de estadista le permitió vislumbrar consecuencias funestas sobre la población, masacres de inocentes, ataques terroristas y el accionar de grupos integristas islámicos. Frente a esto, reivindicaba con vehemencia la defensa y el respeto absoluto de los principios del Derecho Internacional y el resguardo de los derechos humanos. Ya se había pronunciado condenando la primera invasión a Irak en los 90.

Hay muchas formas de recordar a Alfonsín: como el gran estadista, el hombre decente, virtuoso y coherente, el amigo cordial y campechano. Mucho lo traté cuando los derechos humanos eran una necesidad imperiosa en la región y pude trabajar desde su Cancillería. Pero el día de su cumpleaños me propone una mirada más íntima. Hoy quiero evocar su calidez cuando asumí como presidente de la Auditoría General de la Nación, en el país desgarrado de 2002 y en medio del clamor popular contra los políticos. Cuando terminó la ceremonia de asunción en el salón Azul del Congreso, entre escasos asistentes allí estaba él, que era senador. Me invitó a su despacho y me dijo: “Nunca te olvides;  en el fondo, de lo que se trata es de custodiar la honradez de la República”. Acabo de concluir mi función en la Auditoría  y espero haber cumplido con su mandato.

Buenos Aires, 12 de marzo de 2016.

Leandro Despouy (Ex Presidente de la Auditoria General de la Nación. Ex Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU)

 

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Servicios públicos: ¿más desprotección e impunidad?

Servicios públicos: ¿más desprotección e impunidad?

2 de julio de 2014
Diario Clarín

Por Leandro Despouy

Cuando aún están abiertas las heridas de tragedias ferroviarias como las de “Once”, “Moreno”, “Zanjitas”, “Castelar” y la letal explosión de gas en Rosario, que han generado un trauma social en la utilización de servicios públicos esenciales, el Senado se dispone a aprobar un proyecto de ley del Poder Ejecutivo donde se establece que “el Estado no debe responder, ni aun en forma subsidiaria, por los perjuicios ocasionados por los concesionarios o contratistas de los servicios públicos”.

Ante ello todos nos preguntamos por qué sancionar –y con premura– una ley que pretende demoler los cimientos básicos de la responsabilidad estatal y de los funcionarios públicos en franca violación de la Constitución y de los pactos internacionales de derechos humanos.

La Auditoria General de la Nación (AGN), en su tarea de fiscalización del desempeño del sector publico nacional, ha verificado la reiterada inobservancia de las obligaciones contractuales de los concesionarios de servicios públicos y el comportamiento desaprensivo de los funcionarios ante estos graves incumplimientos.

Este proyecto de ley deposita exclusivamente en el concesionario la responsabilidad por los perjuicios ocasionados, una paradoja en un país donde el Estado, las pocas veces que rescindió concesiones de servicios públicos por incumplimientos de los contratistas, jamás articuló acciones de recupero o resarcitorias.

Un principio esencial del comportamiento estatal es preservar y no dañar los intereses del ciudadano. En un área particularmente sensible como la de los servicios públicos, es responsabilidad del Estado garantizar su adecuada prestación, y es un derecho de usuarios y consumidores que así lo haga. Por tratarse de una obligación esencial y básica, su omisión o mala ejecución generan responsabilidad estatal inexcusable. Cabría preguntarse, por ejemplo: ¿qué pasa con las víctimas si la prestataria no contrata seguros o si estos son insuficientes, como ha sucedido en innumerables casos?

El artículo 85 de la Constitución Nacional establece que el examen y opinión del Congreso sobre el desempeño de la administración pública deben estar sustentados en los dictámenes de la AGN, que ha venido informando el estado calamitoso de los servicios públicos. Si este proyecto de ley se aprueba, desoyendo los informes de la Auditoría, se propicia una mayor desprotección ciudadana y se consagra una lacerante impunidad con el propósito de otorgar una suerte de autoamnistía para funcionarios del gobierno actual en su etapa final.

Señores legisladores, hablen con los usuarios y víctimas de los servicios públicos y midan las consecuencias de lo que aprueban.

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Despouy: “Desmantelaron los organismos de control”

Despouy: “Desmantelaron los organismos de control”

Advierte que nunca hubo tantos fondos y un manejo tan discrecional y arbitrario.

El titular de la Auditoría General de la Nación (AGN), el radical Leandro Despouy, dijo ayer que en la Argentina hay “una crisis institucional manifiesta” y denunció el “ desmantelamiento ” de los organismos de control como el que él preside.

“La crisis de institucionalidad es manifiesta. La reforma constitucional de 1994 incorporó organismos como la Defensoría del Pueblo, el Consejo de la Magistratura, la Auditoría General, o sea, una mayor diversificación de los derechos sociales y colectivos. Esa nueva institucionalidad hoy está en crisis porque no hay ninguna de esas instituciones que pueda convivir pacíficamente ”, expresó Despouy en una entrevista que le hizo ayer la ex senadora Graciela Fernández Meijide en su programa radial dominical en “La Once Diez/Radio de la Ciudad”.

“Me preocupa la desconstitucionalización, que se está acelerando”, añadió el titular de la AGN, quien señaló como elementos negativos “los mecanismos de los decretos de necesidad y urgencia, los superpoderes, la crisis marcada en la elección de los jueces, la vacancia en la Defensoría del Pueblo y en la Oficina Anticorrupción y el comportamiento de la SIGEN”, en referencia a la Sindicatura General de la Nación encabezada por Daniel Reposo.

Despouy recordó que “la disponibilidad de fondos públicos por parte del Ejecutivo es superlativa y única”, pero advirtió: “Al mismo tiempo han desmantelado todos los organismos de control y ahí es donde la irregularidad es manifiesta”.

Y añadió: “Además, la Justicia tampoco funciona.

Hemos presentado una cantidad de casos de corrupción a los tribunales y todavía no tenemos un procesado firme. El monopolio en el ejercicio del poder conduce inevitablemente a todo este tipo de desviaciones”, añadió el titular de la AGN.

Finalmente, Despouy señaló que “ nunca un gobierno ha manejado más fondos con más discrecionalidad y arbitrariedad que éste ”, en referencia al kirchnerismo.

Entre las denuncias a las que hizo referencia Despouy en la entrevista se encuentran, por ejemplo, los informes realizados por la AGN en cuestiones tales como el manejo de los fondos para viviendas de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, en la mira del juez federal Marcelo Martínez de Giorgi luego de la escandalosa intervención de su colega Norberto Oyarbide.

 

http://www.clarin.com/politica/Despouy-Desmantelaron-organismos-control_0_1132686732.html

05/05/14

Presentación del “Informe Sectorial Transporte Ferroviario”

Presentación del “Informe Sectorial Transporte Ferroviario”

El día 13 de marzo a las 16.30 horas en el Salón Illia del Honorable Senado de la Nación será presentado el “Informe Sectorial Transporte Ferroviario” elaborado por el Presidente de la Auditoria General de la Nación.

La mesa de oradores estará integrada por los Senadores Alfredo Martinez, Gerardo Morales y Fernando “Pino” Solanas, el Auditor General Alejandro Nieva, el Dr. Leonardo Menghini abogado de los familiares de la tragedia de Once, el Premio Novel de la Paz Adolfo Perez Esquivel y Leandro Despouy, presidente de la Auditoria General de la Nación.