Designan a Despouy en un cargo estratégico para los derechos humanos

Designan a Despouy en un cargo estratégico para los derechos humanos

El ex titular de la Auditoría General de la Nación será embajador extraordinario y oficiará de nexo oficial ante los organismos internacionales; su vínculo con Malcorra

El Gobierno designó al ex titular de la Auditoría General de la Nación (AGN) Leandro Despouy como embajador extraordinario plenipotenciario y representante especial para los derechos humanos. Así quedó plasmado en un decreto de la jefatura de Gabinete, por lo que Despouy se sumará al equipo de la canciller Susana Malcorra para trabajar como nexo ante los organismos internacionales relacionados con derechos humanos.

En rigor, el ex titular de la AGN fue también un destacado funcionario de la Cancillería en épocas de Raúl Alfonsín en un cargo similar que ocupaba en ese entonces y que siguió a cargo en sus primeros años al frente del órgano auditor. Así, el dirigente radical se desempeñó como relator ante Naciones Unidas en temas de Justicia y derechos humanos. De hecho gran parte de su carrera en la diplomacia estuvo especializada en temas de derechos humanos como, por ejemplo, cuando fue enviado por la ONU para cumplir tareas de paz tras un golpe militar en Haití.

Según confirmaron a La Nacion fuentes de la Casa Rosada, ahora Despouy estará encargado de dar seguimiento a los temas referidos a los derechos humanos en organismos internacionales para dar su visión del gobierno argentino. Uno de estos lugares en los que tiene especial interés la Argentina es en la Comisión de Libertad de expresión de la OEA. Despouy tiene una larga amistad con Malcorra y hace tiempo vienen dialogando de la necesidad de darle relevancia la tema derechos humanos a nivel internacional.

Durante el kirchnerismo Despouy fue un duro crítico del gobierno de Néstor y Cristina desde su presidencia de la AGN y por sus auditorías se llevaron adelante denuncias contra funcionarios clave como en los casos de Once, el desvío de fondos en Aerolíneas Argentinas yla compra irregular de trenes.

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El testimonio internacional frente a la última dictadura

El testimonio internacional frente a la última dictadura

clarin

El 24 de marzo nos invita a pensar, no solo en el horror que entrañó     aquél golpe de Estado de 1976, sino también en la importancia decisiva que tuvo la solidaridad internacional en el restablecimiento de la democracia en nuestro país y en la región.

La presidencia del demócrata James Carter (1977-1981) marcó un cambio radical en la política exterior de Estados Unidos. El 7 de marzo de 1977, el pastor Brady Tyson, delegado personal del presidente ante la  Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, pidió disculpas por la intervención norteamericana y el papel de la ITT en el derrocamiento del presidente chileno Salvador  Allende. Pero su política de shock contra las dictaduras no se detuvo allí. Prueba de ello, fue la designación de Patricia Derian como  Subsecretaria para Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios de su gobierno, que visitó tres veces la  Argentina durante la dictadura, y participó de las negociaciones que culminaron con  célebre visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA.

La bancarrota económica de la dictadura, provocada por el crecimiento de la deuda externa, obligó a Videla a permitir dicha misión, a cambio de que los  Estados Unidos votaran en favor de la Argentina en los organismos multilaterales de crédito. El solo anuncio de la visita de la CIDH en 1977 hizo que decayera la tortura en las mazmorras militares y que los presos recibieran un poco de  comida para que estuvieran  “presentables”. En esa misión, la OEA recibió más de cinco mil denuncias de violaciones de los derechos humanos.

Pero fue en el juicio a las Juntas Militares donde el apoyo de la comunidad internacional tuvo un valor crucial, a través de los testimonios de personalidades extranjeras. Derian declaró que “la Argentina estaba balcanizada en distritos comandados por militares y la Junta Militar había declarado unilateralmente una ‘guerra sucia’, aboliendo la Constitución y cometiendo crímenes contra la humanidad”. “Cuando Videla me dio la mano por primera vez, él temblaba como un pajarito asustado” dijo. Tom Farer, presidente de la CIDH, en su testimonio, se explayó sobre el contenido del lapidario informe del organismo (1980); afirmó haber visitado cementerios de inhumaciones clandestinas realizadas por personal de las Fuerzas Armadas y haber descubierto que la mayoría de los prisioneros a disposición del Poder Ejecutivo habían sido originalmente secuestrados y torturados.

Valiosos aportes de la presencia internacional en el Juicio a las Juntas, fueron   los testimonios conmovedores del periodista Robert Cox, de Theo van Boven, del gran jurista francés Louis Joinet, y del almirante Antoine Sanguinetti, ex jefe de la Armada francesa; este último, en su efusivo relato, dijo haber recibido en Francia la falsa confesión de su par argentino Emilio Massera inculpando a Videla del asesinato de las monjas francesas Léonie Duquet –vista por Graciela Daleo en la ESMA– y Alice Domon.

Como se recordará, los miembros de la Junta alegaban desconocer la suerte de los desaparecidos; estos y otros testimonios, más dos contenedores enviados desde Ginebra con denuncias presentadas ante la ONU –que debieron ser fuertemente custodiados por el diplomático Sergio Cerdá, ya que se temía que no llegaran a Buenos Aires– fueron pruebas decisivas para acreditar que los militares estaban al corriente del plan sistemático de exterminio ejecutado en la Argentina y en la región, a través del Operativo Cóndor.

Quienes tuvimos la responsabilidad de convocar a los testigos extranjeros destacamos el valor trascendental que tuvieron sus testimonios, y recordamos vivamente las circunstancias un tanto complejas en que se desarrollaron. La defensa de los militares imputados criticó con dureza esta convocatoria, alegando parcialidad del Gobierno argentino en el marco de una  campaña de desprestigio hacia las Fuerzas Armadas.  Inquirían de manera insistente sobre las circunstancias en que los testigos habían llegado al país, dando un enorme valor a que se  revelara el origen de sus gastos de traslado. La verdad es que fueron cubiertos con fondos reservados del Ministerio de Interior, cuyo titular era Antonio Tróccoli. Juzgar a las Juntas fue mucho más difícil que lo que algunos historiadores relatan, y como lo hacen aquellos que pretenden  devaluar el papel decisivo y ejemplar del fiscal Julio Strassera, curiosamente denostado por personas que no tuvieron participación alguna en aquel histórico proceso. La Justicia condenó a los señores de la muerte, y lo hizo en estricta aplicación de las reglas del Estado de Derecho.

Fue un modelo para el mundo y el principio del fin de las dictaduras del Cono Sur. La diplomacia de derechos humanos del presidente Alfonsín derribó los portones de la impunidad y abrió las puertas a una nueva era, no solo en nuestro país sino en el mundo.

Aquellos testimonios reflejaron el apoyo de la comunidad internacional a nuestro proceso democrático y a la decisión del gobierno del presidente Alfonsín de vincular la democracia con la vigencia de los derechos humanos, en un momento en que América Latina estaba dominada por dictaduras militares. Nuestra democracia germinó en un país signado durante décadas por el desencuentro y la violencia política, y luego se expandió a toda la región. Fuimos los primeros que, sin saberlo, abrimos el camino que siguieron más tarde nuestros vecinos Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia y Brasil.

Leandro Despouy fue presidente de la Auditoría General de la Nación y de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

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El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

Hoy, 12 de marzo,  Raúl Alfonsín cumpliría 89 años. Aunque la cultura popular lo haya proyectado como una figura asociada con el triunfo de la Unión Cívica Radical en 1983 y las nuevas generaciones y la Historia lo hayan erigido como el padre de la democracia argentina,  Alfonsín es eso y mucho más. No solo para quienes conciben su gesta en la línea de los grandes prohombres que el radicalismo ofreció a la sociedad argentina: Alem, Yrigoyen, Alvear e Illia antes que él, sino también para innumerables políticos, intelectuales, hombres y mujeres que supieron apreciar en su persona y en su gestión los valores de una identidad partidaria puesta al servicio de la militancia como ejercicio de la vida política, y de esta para la construcción del Estado sustentada en el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos.

Alfonsín había transitado el país desde un partido en el que estos valores eran constitutivos. También había fundado organismos de derechos humanos y defendido presos políticos. Sabía de qué estaba hablando. “Tuvimos la sensación de estar en presencia de algo nuevo, un discurso cuya aprehensión nos exigía la fatiga de remover un vasto bagaje de prejuicios, frases hechas y dogmatismos acumulados a lo largo de generaciones en la mentalidad colectiva” decía Pablo Giussani sobre su mensaje doctrinario.

Antes de Alfonsín la democracia había sido despreciada y subvalorada en sus posibilidades, acaso por la terrible influencia ideológica de fuerzas armadas que actuaban como un partido político desde 1930 y tenían poder de veto y destitución de los gobiernos constitucionales. El costo fue demasiado cruento para la sociedad argentina que padeció la peor de todas las dictaduras de su Historia y supo ver la salida en el líder que hizo campaña con el Preámbulo y la Constitución Nacional en la mano y lo eligió presidente de la Nación. Alfonsín cumplió con lo que había prometido y mucho más. Su anhelo de “democracia para siempre” se fue realizando a partir de un pacto profundo que celebró con la ciudadanía,  que le permitió superar enormes dificultades  durante su mandato y que, a su vez, consolidó un camino republicano para todas las fuerzas políticas que lo sucederían, algunas de las cuales lo habían combatido.

Próximos a conmemorar el 24 de marzo, debemos recordar que a poco de asumir, Alfonsín envió al Congreso la derogación de la ley de autoamnistía que comprendía el periodo 73-83 (con criterio generoso los dictadores pretendían indultar a la organización criminal Triple A y a ellos  mismos entre otros). También, en un acto inédito entonces y no repetido hasta hoy, en un contexto regional de dictaduras como las de Pinochet y Stroessner, dispuso el procesamiento de las tres juntas militares y creó la CONADEP. Estos hechos movieron innumerables resortes de la  solidaridad internacional que también nutrió el Juicio a las Juntas con testimonios fundamentales como los de Theo van Boven, Patricia Derian, Louis Joinet, Tom Sarrer, el almirante Sanguinetti de la marina francesa …. Además del de las víctimas.

Una conocida caricatura del artista uruguayo Hermenegildo Sabat lo muestra junto a Gandhi predicando la paz. Alfonsín fue un pacificador hacia adentro y hacia afuera del país. En lo interno, se propuso superar falsas disyuntivas de confrontación de la vieja política –absolutas y constantes– y planteó que en sociedades complejas como la argentina, los procesos de cambio dan lugar a discusiones, divergencias y conflictos que deben ser incluidos en la idea de pluralismo, que es uno de los valores de la democracia, y también un mecanismo de funcionamiento político. En sus propias palabras, “un procedimiento para la adopción de decisiones, que supone asumir como legítimos el disenso y el conflicto” y requiere “un consenso básico entre los actores sociales, esto es, la aceptación de un sistema de reglas de juego compartidas”. “Participación democrática”, “sujeto democrático”, “Estado democrático”, son empresas y aprendizajes de los individuos y de los Estados, de las sociedades, los partidos políticos y las instituciones en la construcción de una sociedad diferente escribe Alfonsín. Recordemos que creó el Consejo para la Consolidación de la Democracia que dirigió el reconocido filósofo argentino Carlos Nino, junto a reconocidas personalidades de diferentes ámbitos.

La inserción de la Argentina en el mundo fue una preocupación inicial del flamante presidente en 1983 y un tema de reflexión el resto de su vida. Concibe que el país debe afrontar sus relaciones internacionales en razón de sus necesidades de cambio interno en el camino de la modernización y la consolidación de la democracia en las distintas áreas regionales, políticas, militares y económicas. Por otro lado, su preocupación por la paz mundial lo llevó a condenar la guerra iniciada por militares argentinos en Malvinas, a promover la paz de Argentina con Chile y a adoptar posiciones ante diversos hechos de la realidad.

A la luz del terrible conflicto que se vive hoy en Medio Oriente, vale acordarse de algunas reflexiones de Alfonsín en las vísperas de la invasión de Estados Unidos a Irak,  en el artículo “Guerra y definición del futuro”(diario Clarín, 2003) en el que condenaba seriamente el uso de la fuerza y la intervención ilegal en ese país. Lo más sugerente no era la condena al uso de la violencia a través de la guerra sino sus advertencias sobre los riesgos que entrañaba la conformación de un mundo imperial más inseguro y violento, las consecuencias que esta invasión tendría sobre Irak y toda la región y su impacto sobre la economía mundial y los intereses petroleros. Su mirada de estadista le permitió vislumbrar consecuencias funestas sobre la población, masacres de inocentes, ataques terroristas y el accionar de grupos integristas islámicos. Frente a esto, reivindicaba con vehemencia la defensa y el respeto absoluto de los principios del Derecho Internacional y el resguardo de los derechos humanos. Ya se había pronunciado condenando la primera invasión a Irak en los 90.

Hay muchas formas de recordar a Alfonsín: como el gran estadista, el hombre decente, virtuoso y coherente, el amigo cordial y campechano. Mucho lo traté cuando los derechos humanos eran una necesidad imperiosa en la región y pude trabajar desde su Cancillería. Pero el día de su cumpleaños me propone una mirada más íntima. Hoy quiero evocar su calidez cuando asumí como presidente de la Auditoría General de la Nación, en el país desgarrado de 2002 y en medio del clamor popular contra los políticos. Cuando terminó la ceremonia de asunción en el salón Azul del Congreso, entre escasos asistentes allí estaba él, que era senador. Me invitó a su despacho y me dijo: “Nunca te olvides;  en el fondo, de lo que se trata es de custodiar la honradez de la República”. Acabo de concluir mi función en la Auditoría  y espero haber cumplido con su mandato.

Buenos Aires, 12 de marzo de 2016.

Leandro Despouy (Ex Presidente de la Auditoria General de la Nación. Ex Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU)

 

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A treinta años de la recuperación de la democracia, celebramos el 30 de octubre y el 10 de diciembre

El 30 de octubre de 2013 se cumplen 30 años del triunfo electoral de la Unión Cívica Radical que, con su  popular candidato, Raúl Alfonsín, alcanzó la presidencia de la Nación luego de que el pueblo argentino padeciera, durante 10 años, violencia e infortunios engendrados por el accionar de la Triple A primero y de la dictadura militar después.   Read More