El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

El cumpleaños de Raúl Alfonsín, por Leandro Despouy

Hoy, 12 de marzo,  Raúl Alfonsín cumpliría 89 años. Aunque la cultura popular lo haya proyectado como una figura asociada con el triunfo de la Unión Cívica Radical en 1983 y las nuevas generaciones y la Historia lo hayan erigido como el padre de la democracia argentina,  Alfonsín es eso y mucho más. No solo para quienes conciben su gesta en la línea de los grandes prohombres que el radicalismo ofreció a la sociedad argentina: Alem, Yrigoyen, Alvear e Illia antes que él, sino también para innumerables políticos, intelectuales, hombres y mujeres que supieron apreciar en su persona y en su gestión los valores de una identidad partidaria puesta al servicio de la militancia como ejercicio de la vida política, y de esta para la construcción del Estado sustentada en el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos.

Alfonsín había transitado el país desde un partido en el que estos valores eran constitutivos. También había fundado organismos de derechos humanos y defendido presos políticos. Sabía de qué estaba hablando. “Tuvimos la sensación de estar en presencia de algo nuevo, un discurso cuya aprehensión nos exigía la fatiga de remover un vasto bagaje de prejuicios, frases hechas y dogmatismos acumulados a lo largo de generaciones en la mentalidad colectiva” decía Pablo Giussani sobre su mensaje doctrinario.

Antes de Alfonsín la democracia había sido despreciada y subvalorada en sus posibilidades, acaso por la terrible influencia ideológica de fuerzas armadas que actuaban como un partido político desde 1930 y tenían poder de veto y destitución de los gobiernos constitucionales. El costo fue demasiado cruento para la sociedad argentina que padeció la peor de todas las dictaduras de su Historia y supo ver la salida en el líder que hizo campaña con el Preámbulo y la Constitución Nacional en la mano y lo eligió presidente de la Nación. Alfonsín cumplió con lo que había prometido y mucho más. Su anhelo de “democracia para siempre” se fue realizando a partir de un pacto profundo que celebró con la ciudadanía,  que le permitió superar enormes dificultades  durante su mandato y que, a su vez, consolidó un camino republicano para todas las fuerzas políticas que lo sucederían, algunas de las cuales lo habían combatido.

Próximos a conmemorar el 24 de marzo, debemos recordar que a poco de asumir, Alfonsín envió al Congreso la derogación de la ley de autoamnistía que comprendía el periodo 73-83 (con criterio generoso los dictadores pretendían indultar a la organización criminal Triple A y a ellos  mismos entre otros). También, en un acto inédito entonces y no repetido hasta hoy, en un contexto regional de dictaduras como las de Pinochet y Stroessner, dispuso el procesamiento de las tres juntas militares y creó la CONADEP. Estos hechos movieron innumerables resortes de la  solidaridad internacional que también nutrió el Juicio a las Juntas con testimonios fundamentales como los de Theo van Boven, Patricia Derian, Louis Joinet, Tom Sarrer, el almirante Sanguinetti de la marina francesa …. Además del de las víctimas.

Una conocida caricatura del artista uruguayo Hermenegildo Sabat lo muestra junto a Gandhi predicando la paz. Alfonsín fue un pacificador hacia adentro y hacia afuera del país. En lo interno, se propuso superar falsas disyuntivas de confrontación de la vieja política –absolutas y constantes– y planteó que en sociedades complejas como la argentina, los procesos de cambio dan lugar a discusiones, divergencias y conflictos que deben ser incluidos en la idea de pluralismo, que es uno de los valores de la democracia, y también un mecanismo de funcionamiento político. En sus propias palabras, “un procedimiento para la adopción de decisiones, que supone asumir como legítimos el disenso y el conflicto” y requiere “un consenso básico entre los actores sociales, esto es, la aceptación de un sistema de reglas de juego compartidas”. “Participación democrática”, “sujeto democrático”, “Estado democrático”, son empresas y aprendizajes de los individuos y de los Estados, de las sociedades, los partidos políticos y las instituciones en la construcción de una sociedad diferente escribe Alfonsín. Recordemos que creó el Consejo para la Consolidación de la Democracia que dirigió el reconocido filósofo argentino Carlos Nino, junto a reconocidas personalidades de diferentes ámbitos.

La inserción de la Argentina en el mundo fue una preocupación inicial del flamante presidente en 1983 y un tema de reflexión el resto de su vida. Concibe que el país debe afrontar sus relaciones internacionales en razón de sus necesidades de cambio interno en el camino de la modernización y la consolidación de la democracia en las distintas áreas regionales, políticas, militares y económicas. Por otro lado, su preocupación por la paz mundial lo llevó a condenar la guerra iniciada por militares argentinos en Malvinas, a promover la paz de Argentina con Chile y a adoptar posiciones ante diversos hechos de la realidad.

A la luz del terrible conflicto que se vive hoy en Medio Oriente, vale acordarse de algunas reflexiones de Alfonsín en las vísperas de la invasión de Estados Unidos a Irak,  en el artículo “Guerra y definición del futuro”(diario Clarín, 2003) en el que condenaba seriamente el uso de la fuerza y la intervención ilegal en ese país. Lo más sugerente no era la condena al uso de la violencia a través de la guerra sino sus advertencias sobre los riesgos que entrañaba la conformación de un mundo imperial más inseguro y violento, las consecuencias que esta invasión tendría sobre Irak y toda la región y su impacto sobre la economía mundial y los intereses petroleros. Su mirada de estadista le permitió vislumbrar consecuencias funestas sobre la población, masacres de inocentes, ataques terroristas y el accionar de grupos integristas islámicos. Frente a esto, reivindicaba con vehemencia la defensa y el respeto absoluto de los principios del Derecho Internacional y el resguardo de los derechos humanos. Ya se había pronunciado condenando la primera invasión a Irak en los 90.

Hay muchas formas de recordar a Alfonsín: como el gran estadista, el hombre decente, virtuoso y coherente, el amigo cordial y campechano. Mucho lo traté cuando los derechos humanos eran una necesidad imperiosa en la región y pude trabajar desde su Cancillería. Pero el día de su cumpleaños me propone una mirada más íntima. Hoy quiero evocar su calidez cuando asumí como presidente de la Auditoría General de la Nación, en el país desgarrado de 2002 y en medio del clamor popular contra los políticos. Cuando terminó la ceremonia de asunción en el salón Azul del Congreso, entre escasos asistentes allí estaba él, que era senador. Me invitó a su despacho y me dijo: “Nunca te olvides;  en el fondo, de lo que se trata es de custodiar la honradez de la República”. Acabo de concluir mi función en la Auditoría  y espero haber cumplido con su mandato.

Buenos Aires, 12 de marzo de 2016.

Leandro Despouy (Ex Presidente de la Auditoria General de la Nación. Ex Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU)

 

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Selectas fugas de represores

Selectas fugas de represores

22 de junio de 2014
Diario Perfil

Por Leandro Despouy

Si bien las sugestivas fugas de 74 imputados por crímenes de lesa humanidad –33 pertenecientes al Ejército– suscitan interrogantes particulares, la del ex mayor de Inteligencia de Ejército Jorge Olivera, es la que mayores certezas ofrece, pues permite confirmar la existencia de intereses poderosos que garantizan su condición de eterno fugitivo.

Olivera ha desaparecido de las noticias luego de su tercera fuga, esta vez del Hospital Militar Central, el 25 de julio de 2013, junto a Gustavo De Marchi, ocurrida mientras se debatía en el Senado de la Nación el ascenso del general César Milani, titular de la Dirección de Inteligencia del Ejército desde 2007. Se trata de un caso paradigmático: alguien que en tres oportunidades tuvo la misma suerte y similares apoyos.

La primera fuga se produjo en el 2000, cuando estaba  detenido a requerimiento de la Justicia francesa. Ese año, Olivera fue identificado por la gran abogada Sophie Thonon, que  lleva en Francia  las causas de sus compatriotas  víctimas de delitos de lesa humanidad en la Argentina.  Thonon solicitó a la Justicia parisina la detención del represor Olivera por la desaparición, en San Juan, de la modelo francesa Marie Anne Erize. Su capturase produjo en Roma, donde Olivera fue reconocido en el aeropuerto.

Pero Olivera siempre estuvo protegido por significativos actores. Gracias a sus vinculaciones con la logia P-2 fue asistido por  Augusto Sinagra, el abogado italiano más importante de la logia y  defensor de Licio Gelli, venerable de la organización. La inteligencia militar argentina y la organización fascista CNU, socia de la Triple A,  enviaron a la Corte italiana un documento groseramente falseado que certificaba la prescripción de la acción judicial derivada  del crimen de Erize; a raíz de ello, Olivera fue liberado por la Corte romana, tras  permanecer cuarenta y dos días  en el penal Regina Coeli, y regresó a la Argentina.

Conocido como“el carnicero de San Juan”, dirigió allí un campo de concentración y se vanagloriaba de haber sido el primero en violar a  Marie Anne Erize.  Durante la dictadura, Olivera actuó en Inteligencia de Ejército. Reciclado en democracia, participó en los levantamientos carapintada contra el gobierno de Raúl Alfonsín, fue asesor de Rico  y candidato a diputado por el MODIN en los 90, abogado de Suárez Mason y del  nazi Eric Priebke, detenido en Bariloche y extraditado a Italia.

En su segunda fuga, en 2007, intervinieron miembros del sistema judicial cuyano emparentados con la Triple A, la dictadura  y el juez mendocino Otilio Romano, extraditado de Chile en 2013. Cuando se ordena su detención por los crímenes cometidos  en San Juan, Olivera elude controles y durante un año permanece fugitivo a la vista de todos, en un chalé de Vicente López, por cuyas calles camina impune y tranquilo. Recapturado y condenado a perpetua el 5 de julio de 2013 en San Juan, veinte días después se escapa fácilmente del Hospital Militar en Buenos Aires, con la complicidad de la institución y la de su esposa, Marta Ravasi, psicóloga con rango militar y  de Inteligencia.

Olivera es sin duda una persona  ligada a intereses poderosos aún vigentes y nadie abriga hoy la esperanza de una pronta captura.Su situación de fugitivo permanente, auxiliado siempre por estamentos militares y de seguridad, muestra que quienes no lo quieren en prisión conservan mucho poder; sus vínculos y su larga pertenencia a Inteligencia de Ejército –a cargo de Milani hasta diciembre de 2013–tienen mucho que ver con todo esto.

En momentos en que aparecen críticas al trato a los represores presos, entre los que se encuentran personas condenadas por hechos similares a los que se le imputan a Milani, la fuga de algunos de ellos incentiva las sospechas de un doble estándar con relación al trato y juzgamiento de responsables de crímenes contra la Humanidad

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Hay que juzgar a los asesinos de Mugica

Hay que juzgar a los asesinos de Mugica

18 de junio de 2014
Diario La Nación

Por Leandro Despouy 

Carlos Mugica es una de las figuras más emblemáticas del compromiso y la actividad de los sectores de la Iglesia Católica inscriptos en la Teología de la Liberación. Su prédica militante se expresó en la lucha contra la pobreza y la marginación social, lo que le valió el rechazo y la amenaza pública de grupos violentos, reaccionarios y fascistas. Prueba de esto fue su vil asesinato en condiciones de absoluta indefensión.

En este interminable debate histórico, que acaba de reabrirse a los 40 años de su muerte y nos mantiene en un eterno desacuerdo sobre el pasado, es explicable que surjan distintas teorías sobre sus vínculos políticos y sobre los autores o responsables del crimen. Pero lo que nadie puede negar es que el padre Mugica fue asesinado a plena luz del día, con toda la prepotencia con la que se conducía la Triple A, por un comando que dirigía el comisario Rodolfo Almirón, cuya función era la caza de guerrilleros, gremialistas, estudiantes combativos, opositores políticos, intelectuales progresistas, abogados defensores, todos públicamente elegidos y señalados por José López Rega, poderoso ministro de Bienestar Social desde 1973 hasta las postrimerías del gobierno de Isabel Perón.

Las evidencias y pruebas fehacientes de este crimen, y los nombres de sus autores, duermen con asombrosa tranquilidad en los más de setenta tomos que integran la causa penal contra la Triple A, iniciada en 1975 por el abogado Miguel Radrizzani Goñi, reabierta en 2007 luego de múltiples peticiones fundadas en la imprescriptibilidad de esos crímenes, y radicada desde hace años en el juzgado de Norberto Oyarbide. En esas ajadas y sombrías páginas hay centenares de testimonios, incidentes procesales, acumulación de expedientes, reiteradas y antiguas solicitudes de pronto despacho, etc., y sólo la quietud propia de la impunidad acompasa y decora los trazos más visibles de aquella fase dramática de nuestra historia.

Nada que no sea el propósito de sepultar los nombres, los móviles y el accionar de quienes protagonizaron aquellos siniestros e imborrables episodios explica esta silenciosa falta de resultados. Sólo la garantía de impunidad que confieren el silencio y la muerte pueden explicar semejante negación de la memoria. Porque si bien la mayoría de los asesinos integrantes de la banda criminal cuyos nombres figuran en la causa ya han muerto, como es el caso de Almirón -que llegó a ser extraditado pero no juzgado- todavía son muchos los imputados en ella. Están detenidos para ser juzgados por asociación ilícita en el juzgado de Servini de Cubría Jorge Héctor Conti, Norberto Cozzani, Carlos Alejandro Gustavo Villone, Julio José Yessi, Rubén Arturo Pascuzzi, ligados a este asesinato y a los de Julio Troxler y Rodolfo Ortega Peña.

Muchas de las víctimas hemos impulsado un pronunciamiento impostergable de la Justicia en la causa de la Triple A, antes de que el silencio devore nuestros propios rastros. Pero la pasividad parece inconmovible. Ante esto, resulta aún más trascendente la decisión de la Presidenta de erigir un monumento a Mugica. Ojalá esta conmemoración agite el letargo al que los estrados de Comodoro Py han condenado esta causa, que encierra uno de los capítulos más tétricos de nuestra historia y en los que acunó sus orígenes el terrorismo de Estado. Por eso, sería decisivo que la Secretaría de Derechos Humanos impulse la causa constituyéndose como querellante.

Cuando los asesinatos de la Triple A fueron declarados “crímenes de lesa humanidad” se agilizaron algunos procesos judiciales sobre hechos ocurridos antes del 24 de marzo del 76. Tal es el caso de los integrantes de la CNU en Mar del Plata, por el cual hay varios detenidos; entre otros, uno de sus principales protagonistas, Gustavo Demarchi, luego de haber sido extraditado de Colombia.

Estos hechos demuestran que si hay voluntad y decisión, las investigaciones prosperan, sobre todo si ellas se apoyan en el principio de imprescriptibilidad de los crímenes de Estado y en la necesidad de reconstruir el pasado.

¿Qué nos impide juzgar a los asesinos de Mugica? ¿El temor a abrir las compuertas de un proceso político que muchos quieren suprimir? No se trata sólo de honrar la memoria. También hay que hacer justicia con la memoria.

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Deudas pendientes de la democracia: homenaje a Julio Strassera

Deudas pendientes de la democracia: homenaje a Julio Strassera

“Me parece una exageración que homenajeen a alguien por cumplir con su deber”, dijo Julio Strassera en un homenaje organizado por Franja Morada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en donde se propusieron hablar también de las deudas pendientes de la democracia. 

Strassera fue duro contra el gobierno al referirse al cambio del prólogo del Nunca Más como una “estafa” del kirchnerismo.

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