C.V.

Leandro Despouy es, desde el 26 de mayo de 2016, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario, Representante Especial para Derechos Humanos en el ámbito internacional de la Cancillería argentina. Aporta así al nuevo cargo una trayectoria de más de 40 años de desempeño en la vida pública, tanto nacional como internacional. Es la tercera vez que cumple funciones como embajador de su país para temas de alto nivel y asuntos especiales. También lo fue entre 1984 y 1989, y entre 2000 y 2002. Cuenta con una amplia experiencia en materia de Derechos Humanos, donde asumió diversas responsabilidades como experto, consultor y diplomático.

Como embajador, representó a la Argentina ante la mayoría de las instancias internacionales de Derechos Humanos y Derecho Humanitario (Comisión –hoy Consejo– de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Comité Internacional de la Cruz Roja, Asamblea General de la ONU y de la OEA). En 2001, presidió la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y, en 1987, la Subcomisión de Derechos Humanos y la Primera Conferencia de Estados Partes en la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.

Apenas iniciado el proceso de transición a la democracia, en diciembre de 1983, el presidente Raúl Alfonsín lo convocó para integrar su cuerpo de asesores y le confió la Dirección General de Derechos Humanos de la Cancillería. Desde allí, tramitó la ratificación de los principales instrumentos internacionales de protección de los Derechos Humanos y de Derecho Humanitario. El primero de ellos fue la Convención Americana de Derechos Humanos. Asimismo, tuvo la responsabilidad de convocar a las personalidades extranjeras que habrían de prestar testimonio en el Juicio a las Juntas Militares.

Como experto en derechos humanos y consultor internacional, ha desarrollado una intensa labor en materia de fortalecimiento institucional y reforma del Estado. En esa calidad, realizó misiones y prestó colaboración técnica en más de 40 países. Su labor como Relator Especial de las Naciones Unidas en el campo de los derechos humanos abarcó áreas de sumo interés y actualidad, como es el caso de la Extrema Pobreza, los Estados de Excepción y las Personas con Discapacidad, este último editado como documento oficial de la ONU y publicado en sus seis idiomas. Marcó su trayectoria como experto la amplia repercusión que tuvieron sus informes como Relator Especial sobre la Independencia de Jueces y Abogados, que le valió el Premio Justicia en el Mundo (2008). Recibió las distinciones “Jrimian Hairig” (2015) y “Mejitar Gosh” (2010) –otorgada por el Estado armenio– por su contribuciones al reconocimiento internacional del Genocidio de los armenios.

Despouy tiene una vasta experiencia en negociación internacional. Su activa participación en la resolución de la crisis haitiana, que culminó con el regreso al poder del presidente constitucional Jean-Bertrand Aristide, le valió, en 1995, el reconocimiento del Honorable Senado de la Nación Argentina.

Es autor de numerosas publicaciones de distinta índole que abarcan el derecho internacional, los derechos humanos, el derecho humanitario, las relaciones internacionales, la reforma del Estado y el control gubernamental. Asimismo, ha publicado más de un centenar de artículos de opinión y de actualidad, tanto en diarios nacionales como extranjeros. También ha realizado actividades académicas en centros universitarios de Argentina, América Latina y Europa.

Su trayectoria diplomática y su militancia en favor de los Derechos Humanos, le valieron el reconocimiento de los gobiernos de Brasil, Paraguay y Uruguay. En el orden nacional ha recibido el premio Mauricio Amílcar López (2002) y la Medalla de Abuelas de Plaza de Mayo (1994). Fue defensor de presos políticos y refugiados latinoamericanos que ingresaban al país masivamente en los años 70. En enero de 1975, junto al escritor Julio Cortázar, denunció en Bruselas ante el Tribunal Russell las persecuciones y atentados cometidos por la “Triple A”.

Durante 14 años presidió la Auditoria General de la Nación (AGN), máximo organismo de control externo de la Argentina, y en 2003 presidió la Organización de Entidades de Fiscalización Superior del Mercosur, Chile y Bolivia (EFSUR), espacios desde los que promovió la integración regional y los valores de transparencia, probidad y ética pública. Su desempeño como Auditor General de la Nación le ha conferido gran notoriedad pública y lo ha hecho merecedor, por su aporte a las Humanidades Argentinas, de una Mención Especial de los de los “Premios Konex 2016” como una de las 100 personalidades más destacadas de la última década (2006-2015).

(Su Curritulum Vitae completo puede visualizarse a continuación)

 

 

Difieren la aceptación de la renuncia de Leandro Despouy como presidente de la Auditoría General de la Nación, hasta la designación de su sucesor

Difieren la aceptación de la renuncia de Leandro Despouy como presidente de la Auditoría General de la Nación, hasta la designación de su sucesor

El Dr. Leandro Despouy informa que con fecha 23 de diciembre de 2015 por Resolución N° 005/15 de ambas Cámaras del Honorable Congreso de la Nación en su artículo 5 se ha decidido:“Téngase por recibida la renuncia del señor Leandro O. Despouy al cargo de Presidente de la Auditoría General de la Nación, quedando pendiente su aceptación al momento en el que se designe a su reemplazo a propuesta del partido político de oposición con mayor número de legisladores en el Congreso de conformidad con lo dispuesto en el Art. 85 de la Constitución Nacional y la Ley N° 24.156”.

Para mejor proveer se adjunta al presente el texto completo de la mencionada Resolución.

Resolución N° 005/15

Penurias de las estadísticas oficiales

Penurias de las estadísticas oficiales

Lunes 14 de diembre
Para La Nación

La ausencia de mediciones fiables, o su distorsión, genera un enorme daño que impacta en cada uno de los circuitos de las áreas económicas y sociales. Sus efectos nocivos se proyectan, además, sobre la escena internacional, cuando los organismos de la ONU se ven obligados a incorporar evaluaciones y estadísticas oficiales intencionalmente sesgadas, enmarcadas en relatos que desdeñan la verdad y privilegian la propaganda.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elaboran las Naciones Unidas constituye un ejemplo emblemático en este sentido. Ya en 2014 la medición de este índice nos colocaba entre los países de mayor desarrollo, lo que contradecía abiertamente evidencias palpables. Es probable que en el IDH de 2015, el recálculo reciente del PBI arroje nuevamente un índice artificialmente favorable.

El censo nacional de 2010 relevó muchas menos variables que el de 2001. Lo acontecido en la Anses ha sido alarmante; no obstante su función decisiva en el ámbito previsional -y las solicitudes de la AGN-, el organismo nunca realizó un estudio actuarial que le permitiera medir algo tan básico como la sustentabilidad del sistema. Contablemente, no registra sus deudas futuras y se ha negado a pagar los juicios de los jubilados mientras proclamaba excedentes en su Fondo de Garantía. La clandestinidad en el manejo de información clave del Estado parece haber sido una de las principales herramientas de gestión de los fondos públicos. La Sigen, órgano rector de control interno, ha guardado en prolijo secreto los informes que produce. Anualmente, la AGN observa falencias en el presupuesto y la omisión de pasivos importantes en materia de deuda. En el caso de la AFIP, se verifica insuficiencia de información sobre lo recaudado.

Tampoco están disponibles las publicaciones estadísticas del Ministerio de Trabajo que permitían conocer el gasto en jubilaciones y pensiones, ingresos del sistema y haberes, entre otros; se dejaron de publicar estadísticas sobre programas sociales, su asignación geográfica, informes de monitoreo y evaluación. Es conocida la reticencia que ha tenido el Ministerio de Desarrollo Social para dar a conocer la lista de beneficiarios de planes sociales a pesar de los fallos de la Corte.

Queda por delante una enorme tarea de reconstrucción de instrumentos estadísticos y revalorización de la información pública para la gestión y para el ejercicio del derecho ciudadano a ella. En el futuro, podrán aparecer diagnósticos tan equivocados como el del IDH de 2014, pero debemos ser conscientes de que aún nos queda un largo trecho para borrar los rastros perversos de las distorsiones acumuladas.

 

Debemos recuperar el Mercosur

Debemos recuperar el Mercosur

9 de noviembre de 2015
Publicado en Diario Clarín

Horacio Cardo

 

El 30 de noviembre se cumplieron treinta años del encuentro histórico en Foz de Iguazú de los presidentes constitucionales Raúl Alfonsín y José Sarney que dio comienzo al acuerdo de integración que luego sería el MERCOSUR. La región atravesaba sus peores momentos por las deudas externas que crecían y las dictaduras cuyas políticas criminales eran coordinadas en el Plan Cóndor.
Este encuentro incluyó una visita a la represa de Itaipú; el guiño de los presidentes no era superfluo: entonces, la regulación de la Cuenca del Plata era, para los gobiernos militares, una de las hipótesis de conflicto. Al acuerdo entre Brasil y Argentina siguió la incorporación de Uruguay (Acta de Alvorada, 1988), dinámica que fue coronada, en 1991, con la firma del Tratado de Asunción que da origen al MERCOSUR: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y dos Estados asociados, Chile y Bolivia; en 2012 se unió Venezuela.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, recordó el aniversario de aquel encuentro, y coincide con el presidente electo Mauricio Macri en cuanto a que Argentina y Brasil son “mucho más que socios”, destaca las potencialidades y espacios de cooperación “todavía por explorar” y afirma que hoy están mejor preparados para enfrentar los desafíos del escenario internacional. (“Argentina y Brasil, a 30 años de la Declaración de Iguazú”).
La diplomacia de Alfonsín, portadora de derechos humanos y Estado de derecho, tuvo un rol muy activo en la pacificación y transición a la democracia en el Sur del continente. Los acuerdos con la mediación Vaticana y un sí abrumador del pueblo argentino en el plebiscito (81,32%) sellaron la paz con Chile en 1984. Como embajador de la Cancillería alfonsinista, participé en la reconstrucción democrática del Uruguay y del Paraguay –que vivía las turbulencias del fin del stronismo– países que todavía reconocen con generosidad aquellas manos tendidas de nuestra democracia naciente.
Inspirada en el modelo de la Unión Europea de privilegiar los derechos civiles y políticos en su arquitectura –que impidió el ingreso de España, Portugal y Grecia mientras vivieran en dictaduras– la XVI Cumbre presidencial del MERCOSUR (1988) puso a resguardo el principio democrático y se firmó el conocido Protocolo de Ushuaia. Recordemos que Nelson Mandela fue un invitado especial a estas jornadas. La iniciativa había surgido como consecuencia de la crisis en el Paraguay, donde el Presidente Juan Carlos Wasmosy, sufría los embates golpistas del general Lino Oviedo, a quien años más tarde el presidente Menem otorgó asilo en la Argentina, en un caso vergonzante que oportunamente censuramos con el ex canciller uruguayo Héctor Gross Spiel por ser violatorio de la Convención respectiva .
Era necesario que las arterias económicas regionales se ampliaran pero el MERCOSUR encontró límites a su edificación institucional y ha pasado un periodo de notable debilidad en la última década; no se han desarrollado los vínculos comerciales y se han presentado momentos críticos como los planteados entre Argentina y Uruguay por las papeleras, Paraguay en 2012, o la situación que está atravesando Venezuela, que reviste una gravedad superlativa por las evidentes violaciones de los derechos humanos que se registran y a la vez, sus posibilidades de cambio luego de las elecciones de este 6 de diciembre.
Hoy se presentan nuevas oportunidades para el MERCOSUR en todas sus áreas, que la Cumbre del 21 de diciembre de 2015, en Asunción, tendrá oportunidad de actualizar, al igual que retos como la lucha contra el narcotráfico y la defensa del ambiente, por ejemplo la profundización del acuerdo por la preservación del Acuífero Guaraní, que abarca Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. Múltiples gestos de los actuales mandatarios muestran que la región va ingresando a una nueva fase en sus relaciones multilaterales –en todas las direcciones– y que solo la integración otorga mayores y mejores posibilidades de crecimiento.
Es indispensable jerarquizar las ventajas políticas y económicas de la integración, relanzar e intensificar las negociaciones y fortalecer efectivamente la institucionalidad de sus estructuras, partiendo de la convicción de que el progreso económico de la región sólo es posible bajo la plena vigencia de los derechos humanos y el sistema democrático. En ello residen las principales virtudes de la integración económica, comercial científica y cultural, como demanda hoy el mundo. El camino recorrido por el MERCOSUR en estos años es extenso, más allá de sus emergencias, pero aún queda un largo trecho por transitar y ante cada encrucijada debemos tener en cuenta los principios y valores que distinguieron Alfonsín y Sarney para la integración y la convivencia en el continente.

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